miércoles, 10 de septiembre de 2008

ALMENDROS EN FLOR.

Estos días por fin he visto almendros en flor.
He visto al sol salir tras las nubes y sus rayos acarician mi piel mientras ruedo con mi moto.
No hace calor, pero tampoco frío. Ya no llueve y el cielo no es gris. Se va tornando de un azul radiante y bello.
Mi montura “tose” menos y aunque cascadilla, me pide que salgamos a hacer curvas y a oler el aroma de los pinos y las jaras.
Hay mas horas de luz a lo largo del día y es agradable estar a la intemperie.
Ha sido un invierno duro. Ha sido frío, con episodios personales dolorosos y con la soledad de mi cubil observando la lluvia caer incesantemente a través de los vidrios sucios .

Pero justo cuando mas cansado estaba y mas derrotado. Cuando mi querida montura esperaba pacientemente a que la montase, cuando los recuerdos te machacan la cabeza y el corazón... Una mano se tendió hacia mi. Una mano de otro caballero andante de sucios pantalones y chaqueta de cuero. De alguien que vio a un luchador vencido y abandonado. De alguien a quien el destino hirió con zarpa de fiera y había perdido el horizonte de sus objetivos.
Ese jinete llamó a otros guerreros del asfalto. Jinetes curtidos en mil y una batallas del destino y con la sabiduría que proporciona el haber rodado por todo tipo de caminos y parajes polvorientos.
Acudieron al auxilio del jinete vencido y curaron sus heridas con bálsamos secretos y derivados de la cebada.
Ahora el guerrero triste cura lentamente pero ya puede moverse algo y ver como los caminos se secan y los almendros dan el fruto de la flor.
A veces rueda en compañía de otros guerreros y a veces va solo a luchar a aquellos lugares en donde se necesita de su presencia y experiencia.

Nunca fue un ser infalible. Nunca fue perfecto. Ni siquiera era el mejor. Tan solo se regia por un código de conducta basado en la libertad, en la honestidad, en la desinteresada amistad y en ayudar a quien lo necesitase.
Esta vez descubrió que otros caballeros que antaño rodaron con él se habían dejado seducir por temores e intereses propios y que equivocadamente abandonaron el campo de batalla cuando sus hermanos de armas, mas los necesitaban.
Pero descubrió también que llegaron guerreros de otros reinos a auxiliar a su hermano. Guerreros de una raza diferente. Ni mejor ni peor. Simplemente una raza de hombres que cabalgan en sus monturas de acero bajo las inclemencias del tiempo, esperando que el cielo se abra de nuevo para que luzca el sol y poder ver cada cierto tiempo, los almendros en flor. Ayudando a quienes han quedado en la cuneta de la vida, necesitan un empujón, o simplemente un par de orejas que comprenden lo que se les habla sin juzgar ni temores estúpidos. Eso si, sin mariconadas.
Por eso, vuelvo a rodar bajo el sol. Por eso vuelvo a sentir la brisa en mi cara. Por ellos tengo mas ganas cada día de seguir siendo como soy. Por ellos debo mantener mi montura y corazón a punto. Esperando que cualquiera de ellos tenga una batalla en la que sin mi ayuda, no pueda ganarla y pueda entonces tenderle esa misma mano que un día gris y oscuro, me ayudó a mi.

Ahora seguiremos preguntando que es un autentico biker. Para los demás no sé, pero para mi, esos son los auténticos bikers. Gracias a todos ellos por existir.


Doktor Jeckill.

No mas flores al volver a casa.


No más flores al volver a casa.
Casa vacía, de solitario hombre triste.

No más flores al volver a casa
Porque mi amor no creíste o no quisiste.

No más flores al regresar del trabajo
Para la dueña de mi corazón.

Un vacío en la vida, en el alma, en el pecho
Ya no importa quien tenía la razón.

Besos negados, heridas sangrantes
Creo amor, que no me quieres como antes.

No más flores para alguien especial
Que huyó del amor hacia el “mundo real”

No más besos, no más caricias rechazadas
No más noches dándome la espalda.

No más flores al volver a casa
No más besos evitados, al final de la jornada

No más momentos de desprecio y desamor
Que te vaya bonito, mi amor.


Doktor Jeckill 2005.

ROSA REPLETA DE ESPINAS.

Rosa repleta de espinas
Señora y ama de cosa ninguna.

Prometiste tantas cosas
Y no cumpliste ni una.

Quede hechizado por tu olor
Tu fragancia y tu frescor.

Pero solo era fachada
Toda tú, representas el dolor.

Vendedora de aire y viento
Danzarina de mil mentiras.

Desgarraste en un momento
Nuestro amor, en jirones y tiras.

Te amaré hasta la muerte
Tendrás que vivir con ello.

Pero no querré jamás volver a verte
Viviré tan solo por ello.

Flor crecida entre basura
Camuflaste con perfume tu hedor.

Con veneno tus espinas con premura
Dan a quien se acerca, ponzoñoso dolor.

Yo resulté herido por tus púas venenosas
Pero más por tu dulce veneno de amor.

Amor de plastelina, oculto bajo una losa
Mentiras y embustes, pintados de color de rosa.

Adiós mi amor sincero, adiós mujer desleal
Manipula y miente a tu antojo, sembrando solo mal.

Yo encontraré tarde o temprano a alguien verdadero
Con un amor limpio y puro, realmente sincero.

No más mentiras, no más promesas vacías
No vuelvas a decir, que no sabias lo que hacías.

Espero que recibas, lo que sembraste de heces
Y recojas de tu obra, la soledad que mereces.

No más rosas con espinas venenosas
No pienso caer en tus mentiras, más veces.

Adiós amor virtual, amor dañino y sin moral
Viviré desde hoy, sin sentir en mi herida tu sal.

Rosa repleta de espinas
Señora y ama de cosa ninguna

Prometiste tantas cosas
Y no cumpliste ni una.

Doktor Jeckill. Abril de 2006.

FLORES EN LA CUNETA.

Ayer rodaba en mi moto y vi flores en la cuneta.
Vi un ramo de flores depositado por manos tristes que aún recordaban a un ser querido. Tal vez un motero que en ese preciso lugar, en un día indeterminado, inició el gran viaje hacia la eternidad. Dejando atrás a seres queridos, obligaciones, recuerdos, placeres, proyectos y sufrimientos.
Una persona que tal vez era encantadora y simpática, o un tipejo cabrón que incluso mereciese morir.
Yo solo sé que unas manos y un corazón que lo añoran, han ido a depositar flores sobre el lugar donde murió.



Me gustaría pensar que cuando yo deje de recibir multas y notificaciones de juzgados (o sea, que esté mas tieso que un pene de vacaciones en la mansión Play Boy), alguien recuerde que un día existí.
Que alguien recuerde que unas veces amé con todo mi corazón y que otras, tuve que envolver los pedazos de ese mismo corazón con “cinta americana”.
Que alguien recuerde que otras veces supe perdonar y disculpar a quien me ofendió y que en otras cuantas ocasiones, fui yo quien tuvo que pedir perdón y agachar la cabeza con quien antes había ofendido.

Ya puestos a pedir, me gustaría que alguna bella dama de cuerpo lleno de dulces curvas y ojos bellos y tristes, pueda llegar a llorar mi ausencia llenando sus ojos de lágrimas pensando que tampoco esa noche podré estar junto a ella exprimiendo la esencia de la vida.

Que un grupo de cabrones tatuados, tengan mi foto frente a una cantina en donde puedan emborracharse brindando con mi recuerdo.
Que cuando esos mismos tíos rudos pasen por la curva en donde un día me despedí de ellos por última vez, se paren a memorar mi recuerdo y que guarden un respetuoso y afectuoso silencio durante unos segundos al recordar al cabronazo aquel que reventó contra aquella curva y que tanto les quiso y que tantas broncas, fiestas y borracheras compartió junto a ellos.



Me gustaría que el día de mi entierro pudiese escuchar desde el infierno el rugir de los motores de las motos de aquellos bikers para los que una vez representé algo lo suficientemente auténtico, puro, noble, como para que decidan homenajearme con unos acelerones en el cementerio el día en que el enterrador me eche tierra encima .

Un apoyo moral desde la tierra en el día en que tenga que arreglar cuentas de lo que hice en el pasado con el Creador. (Y en su defecto, un poco de promoción para un “pase VIP” para el infierno).



Reflexiono sobre esas flores en la cuneta e imagino el dolor que siente alguien por la pérdida del ser amado como para desplazarse y mantener de vez en cuando unas flores en ese lugar que representa ya algo tan sagrado o maldito en su vida o en su recuerdo como para acudir de vez en cuando, interrumpiendo sus actividades o quehaceres diarios.

Recuerdo mi pasado, pienso sobre mi presente y reflexiono sobre mi futuro.
Entonces es cuando me pregunto si alguien pondría alguna vez flores en mi cuneta. Si me he portado con mi gente lo suficientemente bien como para que no se alegren el día en que me marche.
Si he hecho en este puto mundo lo que Dios, las fuerzas cósmicas o lo que coño sea, habían planeado como mi misión en esta vida o si algo de lo que hice, posee una especial relevancia como para hacerme susceptible de ser recordado por alguien de una manera especial.
Si mi hijo, mi ultima novia o la gente que leéis mis paranoias, echareis de menos al capullo del Jeckill y no sigan tan solo llegando al buzón de mi domicilio, los desagradables recuerdos de bancos, ayuntamiento y ministerio de hacienda.

Si soy lo suficientemente importante para alguien como para que un día, ese alguien también lleve flores a mi cuneta.

Doktor Jeckill, 2005.

Los hombres duros beben solos.

Los hombres duros beben solos

Los hombres duros lloran solos

Sin nadie que les moleste

Sin nadie que les pregunte.


Y al final de la noche

Cogerán su moto y marcharán

Nadie sabe hacia adonde

Nadie sabe lo que harán.


Lloran por una mala mujer

Que les hizo demasiado daño

Una mujer mentirosa que les hizo

Tapar sus ojos con un paño.


Ahora saben que todo fue mentira

Que fue todo una ilusión

Todo lo que ella prometía

Era negro, como su corazón.


Los hombres duros beben solos

Al final de la barra de un bar

Los hombres duros beben solos

Donde nadie les vea, ni les quiera preguntar


Contemplan el fondo del vaso

Y pierden su vista en él

Las lágrimas resbalan por sus mejillas

Y cubren su fría mirada de hiel.


De fondo se escucha un blues

Nada mejor para el momento

Están celebrando el funeral

De un corazón herido por apuñalamiento.


El tabernero les dice que se piren

Y le mandan a la mierda

Dice que ya han bebido demasiado

Que olviden, el pasado y a esa cerda.


Piden otra ronda de lo mismo

Beberán hasta el amanecer

Hasta que el alcohol les haga

Olvidar a esa mujer.


Al salir del garito

El sol sale por detrás de la montaña

Arrancan su maquina tremenda

Y se marchan dando caña.


Sienten el aire en la cara

Y un nudo en el corazón

Sólo les queda su moto

Para no perder la razón.


Los hombres duros beben solos

Solitarios en la ruta

Los hombres duros lloran solos

Olvidando a aquella maldita puta.


Salen de la ciudad

Frente a ellos encuentran el Mundo.

Algo que sirve para recorrer

Aunque a veces pueda ser nauseabundo.

Les duele el hígado y la espalda

Pero aún más el corazón

Suena rock en sus oídos

Son los tubos del maquinón


Al final una parada

Para poder vomitar

Toda la mierda que bebieron

Sin poderla disfrutar.


Allí se vuelven y contemplan

La razón de su vivir

Con su cuero y sus cromados

Quien más les hizo sentir.


Vuelven a montar de nuevo

Y una sonrisa dibuja su expresión

Están vivos, tienen su moto

Recobraron la ilusión.


Solo queda arrancar

Y hacer que la moto vuelva a vibrar

Sentir las pistonadas entre sus piernas

Para ellos, volver a flipar.


Los hombres duros beben solos

Sin nadie que les vuelva a joder.

Los hombres duros viajan solos

Olvidando a una mala mujer.


Doktor Jeckill.

Una noche de borrachera.

Parece que fue aquella noche en aquella fiesta del peor antro de la ciudad en donde dos borrachos autosuficientes cruzamos las miradas primero, algunas frases después y muchas cervezas más, para “romper el hielo” y algunos instantes más tarde proponernos ofertas de contenido carnal.

Tu, tuviste que deshacerte de aquel camionero que te acompañaba y yo de mis mas recientes prejuicios sobre diversas componentes del género femenino para acabar horas mas tarde en aquel hotel de carretera al que me llevaste para abusar de mi ya perdida virtud, mientras mantenías en riguroso secreto tu edad, que solo confesaste cuando ya caía la noche del siguiente día y faltaba poco para poner fin a aquel encuentro casual, promiscuo y carente de moralidad convencional.

Un cruce de números telefónicos, la remota posibilidad de volver a yacer juntos en un lecho de alquiler y la promesa, tal vez vacía, de llamarnos para volver a vernos.
Una diferencia de edad de trece años y muchos kilómetros de vida recorrida entre los dos contendientes de la relación que se avecinaba.

Tu, rockera de pro y la oveja negra de tu familia.
Yo, motorista de la peor calaña y disfrutando de la libertad que, condicionalmente, la institución estatal, tenía a bien haberme “regalado”.



Sin saber muy bien porqué, nos seguimos viendo de seguido.
Parece que para ser una mujer que “usa a los hombres y los tira porque no se puede esperar una reacción neuronal convincente o interesante por parte de ellos”, te estabas aficionando bastante a repetir compañía, cenas y lecho con un humilde y macarra servidor.
Ante las preguntas, siempre contestabas que parecía que la borrachera permanecía y por ello aún no habías cambiado de “hombre objeto”.

Por mi parte, con mi ego, autoestima y economía por los suelos, no llegaba a comprender como seguías con el despojo en el que me había convertido y me preguntaba una y otra vez, que te podría ofrecer a cambio de tu pasión y particular manera de mostrarme cariño.
Además, no eras para nada el tipo de mujer femenina, sexy, mentirosa, celosa, posesiva, egoísta, delgada y sintética de las que yo solía enamorarme.
Por más que te miraba no comprendía como mi vida y mis relaciones, habían ejecutado un giro de 180 grados y de una manera tan positiva.



Por primera vez no me sentí agobiado por una tipa que lo controla y critica todo, que te hace imposible la vida aunque no la des motivos de enfado y que se pone celosa hasta de la moto que conduces.

Han pasado los días, las semanas y los meses. Dentro de poco, podremos hablar de dos años y aún nos dura la borrachera que pillamos en aquella barra de bar en la madrugada de una fiesta nada recomendable para gente fina.

Casi dos años y la sinceridad, el respeto, la simplicidad en la relación, la complicidad en lo que hacemos, compartir aficiones y la absoluta carencia de discusiones, como consecuencia del razonamiento, el diálogo y el “hoy cedo yo, mañana cedes tu”, han hecho que vuelva a ver la vida fuera del color gris y asfixiante que últimamente teñía mi vida, haciéndome perder la sonrisa, la esperanza, la ilusión y el buen humor.

Mi economía se sanea permitiéndonos ciertos lujos que antes eran imposibles de disfrutar.
Tu aparente indiferencia y tu autosuficiencia se han relajado hasta el punto de ser ya “dos” y no “uno mas uno”.
Mi ilusión por continuar luchando y creando cosas nuevas, por escribir de nuevo, por fotografiar ideas que nacen de mi imaginación, han vuelto a emerger de la tumba en la que las había enterrado mi última relación.



Cada día te veo mejor, más atractiva, mas cálida, mas como una parte de mis sueños, que había perdido hace tiempo.
Alguien dijo alguna vez: “No te quiero por quien eres, si no por quien yo soy cuando estoy contigo”.
Pienso que tenía razón y esa razón es la que siento que emerge de mi interior.

Tras vivir casi un año con alguien tan negativo que todo lo teñía de mierda, rencor y hediondez, tu frescura, morro, desparpajo y tu calidad como persona, son lo mejor que me podría haber ocurrido.
Tras un año tratando de mostrarme ese “ser” enfermo y diabólico lo peor de cada persona, tu contrastas antagónicamente mostrándome lo bueno que tenemos cada uno y disfrutar intensamente de ello.

Siempre habrá quien se sorprenda.
Siempre habrá quien nos envidie.
Siempre habrá quien quiera meterse entre nosotros. Normalmente desde la mentira, el engaño y/o el cobarde anonimato.

Pero lo importante seguirá siendo lo que surgió de manera furtiva y burlona, aquella noche de borrachera en la barra de aquel garito, repleto de mujeres perdidas y hombres malos.

Lo importante es como hacemos el camino y como disfrutamos de el.
Sin obsesionarnos con un relativo final o desenlace que podría o no ocurrir en un futuro y que tanta gente fija sus energías en el, descuidando lo más importante: El camino y las formas de llegar a ello, destrozando el presente al intentar precipitar el futuro.

Doktor Jeckill. Enero 2007.

Bolsillos llenos de soledad.

Traigo los bolsillos llenos de soledad
Bolsillos repletos de arena y aire

Traigo el pecho herido de muerte
Del recuerdo de amores traidores que no se borran con el tiempo

Giro mi cabeza y contemplo el camino recorrido
Lleno de vivencias y recuerdos intensos que estremecen mi memoria

Un pasado lleno de tristeza y alegría, de placer y dolor
Algunas veces al mismo tiempo, y algunas otras veces, no

Escucho música bohemia porque habla de mi vida como si me conociese
Porque mi camino ha sido un tema de blues interpretado por un pianista decadente.

Mi presente es una melodía triste que suena como un lamento
Y mi futuro una hipótesis, una apuesta,
una quimera que se vive sorbo a sorbo, al momento y sin promesas.

Una vez quise aprenderlo todo y vivir deprisa
Ahora me conformo con levantarme cada día
para descubrir que aunque estés a la vuelta de todo y tu capacidad de sorpresa muerta, el sol continúa saliendo cada mañana.

Si te duermes sobre mierda y vómitos,
te podré vaticinar que no despertarás oliendo a rosas.
Y si yaces con quien no te ama sinceramente,
tarde o temprano, amanecerás con un cuchillo clavado en tu espalda.

No es cuestión de apostar al blanco
y que el destino haga que la bola haga que salga negro.
Se trata de saber abandonar el juego a tiempo cuando sabes que no ganarás.

Siento el aire en mi cara
y el olor de la tierra mojada impregna mi olfato y mis sentidos
Y entonces descubro lo que permanece a pesar de todo y es inmutable.

Lo bueno de toda tormenta es que antes o después acaba.
Te sientes satisfecho de haberla sobrevivido
y que siempre podrás escribir sobre ella
y tal vez, sirva de inspiración para otra triste canción de blues.

Creo que esta vez, además de arena y aire,
traigo en los bolsillos una historia que contar.
Una historia con la que sentir.
Una historia repleta de soledad
para compartir al final de la barra de un bar,
mientras le pone música otro pianista decadente.

Y que solitarios sentirán como suya,

mirando recelosos de reojo a los otros personajes del salón,
que fijan su mirada en el fondo de un vaso
y juguetean distraídamente con el hielo del fondo de este,
mientras escuchan y sienten.
Sienten y escuchan,

Lo mismo que tu.
Lo mismo que yo.

Doktor Jeckill. Iniciado en febrero de 2006 y acabado en enero de 2007.

Prosa poética con mala leche.



Me preguntas si me acuerdo de ti.
Y yo recuerdo tus malos modos y groserías continuas.

Me preguntas si aún recuerdo cuando estabamos juntos.
Y si. Recuerdo tu manera de humillarme y agredirme de palabra y de obra.

Dices que me echas de menos y que te gustaría que todo fuese como antes.
Pero antes de volver con mi torturadora, prefiero vivir en soledad y sin que nada sea “como antes”.

Me jurabas amor eterno, mientras carecías de la mínima lealtad en tu presente.
Soñabas con un hombre que te amase como yo, mientras te dedicabas a destrozar mis ilusiones y cada momento de mi pasion.

Preguntas si ha habido ya otras, esperando que te diga que no.
Pero si. Las ha habido, pero muy distintas, por fortuna,a ti.

¿Pero solo te he amado a ti verdad?.
No bonita. He amado mas que a ti a quienes me han tratado mucho mejor que tu.

Al menos, aseguras que serán mas feas, viejas y gordas que tu, porque yo no podría aspirar a nada digno.
Pero también te equivocas en eso. Son mas jóvenes, sinceras, personas, inteligentes, cultas y atractivas que tu.

Al menos, preguntas ya irritada dando por hecho que nadie me amaba en la cama mejor que tu.
Tu, insegura, ñoña, mediocre, violenta, cómodona, vaga y muy usada sexualmente hablando.
¿Adivinas ya la respuesta?

Me preguntas si me acuerdo de ti.
Si. Me acuerdo de tu violencia, hostilidad permanente, tu modo oscuro de ver la vida y de tu afirmación de que todos los hombres somos unos maltratadores y todas las mujeres, unas putas.

Me acuerdo de ti en cada momento, pero para no volver jamás a tropezar en mi vida con ninguna más como tu. Con tanto rencor, odio e inseguridad dentro de ti.
Oportunista del momento, depredadora del amor, prostituyéndolo siempre con un fin económico para tu exclusivo beneficio sin importarte las consecuencias para los demás.



Continúa con tu vida de larva carroñera, haciendo lo que mejor sabes hacer. A un pobre diablo tras otro, hasta que alguno, por fin en realidad, te haga lo que tanto nos achacas a todos y te de uno o mil malos golpes, y por fin pases a ser una verdadera y genuína víctima de la violencia de género.

Pero tu a mi, olvídame, porque solo te recuerdo para no volver a pasar por la experiencia que sufrí contigo.
Olvidame porque no volveré jamás contigo, por mucho que me jures y perjures que has cambiado, que soy el hombre de tu vida y que me comprarás mi sueño favorito, obtenido con la sucia actividad que llevas ejerciendo durante tanto tiempo, que ya no sabes siquiera, lo que supone el concepto de ser mujer.

No gastes mas llamadas de teléfono en medio de la noche con número anónimo, esperando que con ello, no te olvide.

No te odio, ni me das lástima. Tan solo te desprecio.
Mi vida ahora está iluminada por la luz de otra mujer que calienta e ilumina. No como tu, que enfrías y sumes a cualquiera en las sombras.

Vuelve a tu mundo de basura, vicio y drogas, enmarcadas en bonitos cuadros de una presunta alta sociedad a la que realmente, jamás pertenecerás y que disimulan lo que hay mas adentro de tu negra alma.
Yo no pertenezco a tu mundo, pero sobretodo, no te pertenezco a ti.

Doktor Jeckill, 2007.

Tengo un amigo...

Tengo un amigo que es un perdedor.

Un tío de la “vieja escuela” con los huevos negros del humo de mil batallas.

Un poeta, un romántico, un putero y un cabrón, capaz de amar o de defender una amistad, con la misma intensidad con la que te sacaría el hígado si osas tocar a uno de los suyos.

Un ser integro, inteligente y leal, al que la vida hirió tan repetidas veces que ya no queda un hueco en su corazón sin la textura y recuerdo de alguna cicatriz al haber sido mil veces roto.

Un personaje solitario, al que encontrarás al final de la barra del bar, observando distraídamente el fondo de su vaso casi vacío, discretamente, allá en donde se escucha viejo blues y en donde el bourbon y la cerveza, han tomado al asalto el almacén, relegando al olvido a las viejas costumbres sanas y los cócteles de diseño.

Un verdadero señor de la carretera, un gentleman a la vieja usanza, en la que un guante arrojado y los rígidos códigos de honor y respeto, acababan con frecuencia con la vida de un afrentador, a manos del afrentado.



Un doctorado de la vida, por la universidad de barriobajo, en la que tuvo que aprender por el camino difícil y en la que tuvo que labrarse un respeto, por la fuerza, en ocasiones.

Un amante leal y entregado, a veces burlado por mujeres de la peor calaña, porque esas eran precisamente, las hembras con las que gustaba de yacer.

Un soñador que aún sueña con hacer de su sueño su forma de vida, a pesar de las mil trabas que la vida y la correcta sociedad, ponen en su camino para que regrese a la gris y tediosa, pero políticamente correcta sociedad de consumo en la que el sueño de cualquier hombre decente debería ser tener una bonita hipoteca y una consorte que le controle y le tenga cogido por los huevos, con frecuencia bajo el chantaje emocional y sus vástagos como rehenes.

Un águila que vuela alto y libre, sintiendo el aire y los rayos del sol en su cara, aunque sea en plena caída. Un lobo que caza cuando tiene hambre y duerme cuando siente sueño, en un mundo en el que Caperucita se acuesta con su abogado y la abuelíta pertenece a la asociación de mujeres progresistas, armada con un fusil de asalto AK47 para defenderse del ataque de los misóginos.

Tengo un amigo que es un perdedor, porque no nació en la época adecuada. Es demasiado viejo para cambiar, pero demasiado jóven para morir.



Tengo un amigo,que tiene otro amigo igual. Este además, lleva un chaleco con insignias bordadas en la espalda y va tatuado en una gran parte de su piel.
Ese amigo, tiene además otro muy parecido, que lleva bigote y perilla, muy parecida a la de el mismo.

Ese amigo va con otros que son muy parecidos a él y también llevan chalecos de cuero. Además montan en moto,aunque haga frío o llueva.

Todos ellos son muy mal vistos por la gente decente y los agentes encargados de garantizar el perfecto funcionamiento de la sociedad de libre comercio y bienestar social porque son muy distintos al estereotipo de persona ganadora , triunfadora, socialmente adaptada y que cotiza sus impuestos para mantener a raya a indeseables como mi amigo.

Es por eso que mi amigo es un perdedor. Pero aún va a donde quiere y como quiere porque aún conserva íntegros sus sueños, su integridad, sus cojones y sobretodo, la altivez y el orgullo de ser él mismo, sin necesidad de engañar a los demás de puertas afuera sobre su mísera vida de triste triunfador.

Él prefiere cabalgar en su montura de acero hacia la puesta de sol, mientras que los triunfadores, mueren de infartos y visitan a psicólogos o meretrices a los que llorar en secreto su gris existencia, que solo posee lo que se puede comprar con dienero.

Mi amigo no tiene TV con plasma, chalét en la sierra o un deportivo descapotable. Ni siquiera es directivo de la mierda de sitio en el que trabaja.
Como ya os he dicho, mi amigo es un perdedor. Pero sobretodo es un gran señor. Con el porte y la clase que solo se tiene, cuando a pesar de que te quieran pisotear el orgullo mil veces, este sigue quedando intacto.

Doktor Jeckill. Diciembre de 2007.

FANTASMAS EN LA CUNETA.

Fantasmas en la cuneta
Te contemplan cuando ruedas.

Fantasmas en la cuneta
Y te recuerdan quien eras.

Sus miradas perdidas
Y sus pasos errantes

Te recuerdan tu pasado
Te recuerdan que hacías antes.

En aquella curva maldita,
En aquel frío guardarraíl

En el lugar donde moriste
Aquella mañana de Abril.

Apurabas la trazada
Por un reto personal


Demasiada confianza,
No lo hacías nada mal.

Pero ahora no eres nada
Solo un recuerdo lejano

En aquella curva hallaste el destino
Y su juego, te venció la mano.

Tan solo unas flores
Quedan en aquel lugar

Y millones de lágrimas
En la soledad de tu hogar.

Fantasmas en la cuneta
Te sonríen con complicidad

Ahora ya no importa,
Que regreses por navidad.

Ya no ruedas en este mundo
Lo haces ahora en el infierno.

Un mortal juego fatal
Donde perdiste, tío tierno.

Fantasmas en la cuneta
Te observan al rodar el camino

Y tu saludas desde tu moto
A quien también un día, halló su destino.

Doktor Jeckill 2003.

Damas de alquiler.

A cambio de unas copas o de un puñado de monedas
Puedes poseer el amor ocasional de una dama de alquiler.

Lo que en círculos elegantes
Se denomina una “mala mujer”

Valientemente reconocen la tarifa de su amor por anticipado
Y después no has de lamentar un gran desaguisado.

Solitarias pero afables, esconden su corazón
Si les cuentas tus problemas, siempre te darán la razón.

Si les regalas una rosa, la recibirán sorprendidas
Una sonrisa, un beso a cambio, te darán lo que pidas.

Samaritanas del amor, profesionales del placer,
A cambio de un precio, te harán o dejarán hacer.


No preguntes sobre ellas, porque mentirán
Celosas de su secreto, que jamás confesarán.

Limítate a vivir la noche sin culpa ni prejuicios
Sin obligaciones, sin esfuerzos, ellas no hacen juicios.

Un pasado doloroso, un presente vacío y un futuro sin esperanza
Una vida rota en pedazos, un corazón roto con lanza.

Si las ves en las esquinas de la ciudad
No mires hacia otro lado, trátalas con dignidad

Aunque llueva, haga frío o las coma la humedad
Las verás bajo la lluvia, sufriendo con humildad

Esperando a un caballero, que las pague sus servicios
Con discreción y esmero, satisfarán todos sus vicios.

Por tan solo unos cuantos dólares, podrás tener una dama de alquiler
sin pasado ni futuro, que esconde tras sus risas, a una cansada y triste mujer.

Doktor Jeckill 2004.

Una mañana de Abril.

Hoy me desperté con un cuerpo caliente a mi lado y la mirada tierna de una preciosa mujer, que intuyo que desea repetir la experiencia de la pasada noche conmigo.
Una noche de sexo, pasión y cariño, aunque aderezadas por una comida copiosa y un extra de alcohol variado, del que no se usa precisamente para desinfectar heridas.

Tras un día de ocio y sol, en compañía de viejos amigos y conocidos, de los cuales hacía ya tiempo que sabía prácticamente poco o nada, regresamos a su casa y allí tardamos poco en devorarnos a besos y a prodigarnos en ese cariño que tanto tiempo nos había sido negado entre promesas vacías y mentiras sobre cambios de un futuro mejor por parte de fantasmas de nuestro pasado mas reciente.

Esta mañana me he despertado dolorido por la postura, pero feliz por haber dormido poco entre bromas, comentarios inteligentes sobre la vida, sobre música con letras que le llegan a uno al corazón o a los recuerdos y algunos asaltos de un calmado pero intenso combate sexual. Sin promesas, sin futuro. Tan solo un presente prorrogable tantas veces como nos apetezca.

Me agradó despertar junto a ella y me agradó aún más, su mirada de aprobación. Me duché, me vestí y bajé a la calle en donde bajo un tímido sol de primavera, que aún calienta poco, pero ilumina la vida de quienes hemos pasado un invierno negro o gris, se encuentra mi montura aguardándome paciente y calma, reflejando en sus cromados el brillo del sol. El brillo de la vida.

He introducido perezosamente la llave en el contacto y la he girado despacio hasta sentir el característico “click” que anuncia que el motor de mi inseparable compañera está listo para sentir mi peso sobre ella y trasladarme ágil y velozmente por las bulliciosas calles de la capital.

Me he sentado sobre el escueto asiento de cuero y he sentido el poder de los mil y pico centímetros cúbicos de poder y gasolina vibrando entre mis dedos, entre mis piernas, bajo las plantas de los pies y sobre el eje central de mi columna vertebral, proporcionándome ese placer secreto que tan solo unos cuantos conocemos con el grave ronroneo de la fiera de metal y cuero que pilotamos vibrando con nosotros como si fuésemos parte de una misma cosa.

Cuando he estado listo, he echado una última mirada a la ventana de mi amante y he sentido los rayos del sol acariciando mi abotargada cara, haciéndome sentir vivo. Muy vivo. Como hacía tiempo que no me sentía.

Engranando la primera con un sonoro “cla aakc” y soltando suavemente el embrague, a la vez que giro levemente el puño del gas, los trescientos y pico kilos de mi bella bestia de acero comienzan a dejar el reciente presente en el pasado inmediato. Con una parte de mi, que queda en esa casa pequeña de un suburbio obrero y de mala fama de la capital y en la que se, que la bella protagonista de mi aventura nocturna, aún permanece con el sabor de mi cuerpo entre sus labios y mis fluidos entre sus piernas.

Circulo despacio entre las calles, observando lo que me rodea y busco la inmensidad del asfalto de una carretera olvidada. Una carretera oculta tras la bruma de un pasado frío, húmedo, desagradable y lleno de frustraciones. Una carretera con la que tengo una vieja deuda pendiente. Una visita sobre mi moto, en la cual no tenga prisa ni planes inmediatos para acabar la jornada o un punto de destino concreto donde acabar hoy.

Llegando a la carretera de mi destino, de mi vida, me encuentro mucho mejor. Llevo mucho tiempo perdido por lustrosas autopistas en las que no me encuentro a gusto, en donde todo el mundo lleva demasiada prisa y en donde no puedes oler los aromas de las plantas de la cuneta ni el olor de la tierra mojada tras un corto pero intenso chaparrón.

La carretera que posee esos numerosos cruces en los que debes elegir cual camino o desvío tomar ya está frente a mi. Se que pronto deberé tomar nuevas decisiones sobre cual camino tomar. Si volver a la autopista, en donde la rapidez y el objetivo del destino priman sobre el modo de hacer el camino, o permanecer en esas pequeñas carreteras peligrosas, sin arcén, con gravilla en cada curva pero que te llenan de satisfacciones cuando la haces sin prisa y disfrutando del camino y de las gentes que encuentras en él. En pequeños pueblos y aldeas. Gente sencilla y afable que tiene pocas cosas materiales que ofrecer y amistades eternas que compartir.

Esa carretera que ya elegí hace años para ser mi camino. Esa carretera que a diferencia de la fría autopista, me llena de sensaciones placenteras sintiendo el frío de la primavera acariciando mis brazos desnudos junto con la calidez de los rayos solares. Esa misma carretera en la que encuentro a jinetes y doncellas de mis mismas características con los que hacer a veces parte del camino juntos, compartiendo vicios y experiencias. Sueños y anhelos, frustraciones del pasado y heridas del presente que aún tardan en terminar de cicatrizar.

Me deslizo suavemente entre esa carretera serpenteante, sintiendo el peso de mi montura tumbarse en cada curva, pesada pero agradablemente.
Con la sensación de ser grande y poderoso, con la sensación de haberme encontrado de nuevo a mi mismo, tras un paseo algo alocado por dentro de mi, en una búsqueda inmensa por mi interior y con la sensación de ser un moderno Quijote motorizado, con una dulce Dulcinea aguardándome en algún lugar y con la cual hacer parte del camino futuro o tal vez, solo tal vez, coincidir con ella en el viaje, el modo de disfrutarlo y el punto común de destino en el cual acabaremos inexorablemente todos. Eso si, con caminos hechos de muy diferente manera.


Doktor Jeckill 2006.

Como el sonido del trueno.

Como el sonido del trueno
Cargado de poder

Como el Dios de la tormenta
Truena al anochecer

En cualquier curva o recta
De una carretera cualquiera

El poder de su alma
Despierta a la bestia que era

Orgulloso jinete que montas
Sobre tu poderoso Big Twin

Como si de un caballo se tratase
De acero y no de crin.

Te dicen que es un objeto de metal
Y que no puede poseer un alma

Pero tu sabes que eso no es cierto
Porque escuchas lo que te susurra en calma

Después cuando giras el puño del gas
Tiembla el suelo y hasta tu corazón

Disfrutas de un placer secreto
Que hasta te hace perder la razón

Poderoso motor bajo tu cuerpo
te transforma en centauro certero

Mitad hombre, mitad caballo
Mitad de piel, mitad de acero

Truena con la furia de mil dioses
Ronronea como un felino

Cuando montas eres feliz
Y cabalgas hacia tu destino.

Monta jinete, monta
Y disfruta de tu montura

Para la enfermedad de la vida
Sin duda, la mejor cura.

Como el sonido del trueno
Cargado de poder

Es tu moto, motero
La que a tu alma impide envejecer.


Doktor Jeckill 2003.

Al final de la barra del bar.


Otra vez en mi bar de confianza me encuentro a gusto, al desaparecer los últimos rayos de sol tras los tejados de la gris ciudad .
Otra noche perdida al final de una vieja y maltrecha barra de madera sin hacer nada de provecho ni nada medianamente práctico.
Con demasiadas cervezas en el cuerpo. Con demasiado bourbon quemándome las tripas. Con demasiados recuerdos, demasiados pocos sueños y una casi total ausencia de esperanzas.
Con mi paciente máquina aguardando en la puerta, silenciosa y brillante. Sin que cuando vuelva a montarla completamente borracho, nada me reproche y me deslice a través de la noche, rompiendo el silencio de las calles mojadas, rápida y poderosamente hasta mi solitario cubil.


Bebo en silencio sentado en el taburete, sumergiéndome en el mar de notas musicales de un viejo blues que suena en el obsoleto equipo musical del garito. Con mis pensamientos inmersos en esa melodía que tan bien describe el lamento espiritual de un perdedor, que se encuentra en la barra de un bar, lamiendo las heridas de su triste vida y escuchando un blues en el viejo piano o saxo de un sórdido club de New Orleáns, entre el caracterí­stico ruido de fondo que solo consigue reproducir un buen disco de vinilo.

Aguardo con la esperanza de que esta noche, aparezca la mujer de mi vida. Aquí­ en el rincón mas oscuro y sórdido de este viejo y sucio bar.
Con la esperanza de encontrar a esa mujer especial, bella, inteligente, leal y con corazón, capaz de reactivar el encefalograma plano de mi cansada, herida y maltrecha alma.

Una vez escuché a alguien decir que había oí­do hablar de que alguien había conocido a una mujer así­. Se lo había oí­do decir a un amigo de un amigo de otra ciudad muy lejana.
Pero yo siempre me acabo enamorando de tías egoístas, manipuladoras y que en el fondo... tampoco están tan buenas.
Acaban compitiendo siempre por mi atención contra mi moto y mis amigos. Me reprochan mis uñas llenas de grasa, mis dientes amarillos y mis simpá¡ticos y sonoros pedos aromático-musicales.
Intentan por todos los medios organizar mi vida y tratan de que venda la moto, recuerde aniversarios y encuentre un trabajo "decente" para poder tener una manada de crios en un piso microscópico que tendríamos a pachas con el banco y que nos asfixiarí­a con una hipoteca que solo podríamos pagar atracando bancos o dedicándonos los dos a la prostitución de alto standing.

En otras ocasiones, una mañana me he despertado junto a una mujer a quien no conocí­a, que se me adivinaba vulgar y fea y que ni siquiera me importaba un carajo si reventaba en ese preciso momento. Se encontraba desparramada entre las arrugadas sábanas de una habitación, testigo de una noche de deseo y sexo, normalmente aderezada con mucho alcohol y drogas, de la que ya no quedaba absolutamente nada mas que envases vacíos y recuerdos confusos.
Lo único que deseo en ese momento es sacármela para mear, darme una ducha rápida y largarme sin que la aventura me cueste dinero.

Oculto en mi puesto de vigía desde el final de la barra, observo a la gente que comparte esta noche, techo en este antro. Veo a parejillas derritiéndose mutuamente con la mirada o comiéndose a besos y a solitarios como yo que alivian su soledad con el amigo Daniels. Jack Daniels.
Mientras pierden su mirada en el fondo de un vaso, de cuando en cuando, miran de reojo a los amantes con cierta envidia y evocando tiempos y compañías pasadas que entristecen su semblante, justo antes de apurar su vaso y pedir otra ronda de lo mismo.



Apenas media docena de almas, con muchos capítulos escritos en la novela de su historia, están esta noche en esta universidad de la vida, siendo capaces si se terciase, de dar a cualquiera una magistral clase, sobre lo que fue, sobre lo que pudo ser y sobre lo que realmente, ya no importa o dejará un día de importar.

A veces muevo el culo de mi reservado y salgo de este antro con la excusa de vigilar la moto, aunque en realidad, salgo a respirar algo de aire fresco, a escuchar los sonidos de la noche y a sentir la humedad de las calles en su semi-oscuridad, solo rota por algún neón o farola.
De paso siempre viene bien echar una meada y a veces incluso, una discreta vomitona, lejos de miradas de reproche y asco, o de jocosos comentarios por los cuales, en mi estado, pueden llegar a ocasionar algún tipo de reacción violenta por parte del despojo que aquí queda y que en otro tiempo fue mi cuerpo.

Según transcurre la noche en silencio, tan solo roto por el sonido del blues, el toque de campana que sigue a una propina o alguna pelea entre borrachos, miro hacia el exterior y ansí­o ser acariciado por los primeros rayos de sol. Necesito dejar de vivir así y ver el amanecer de mi propia existencia.
Saber que tras la noche, siempre se sucede una soleada mañana con el canto de un jodido gallo y el piar de esos mismos putos pájaros que se cagan con tanta frecuencia en mi moto.
Saber que tras la oscuridad, llega otro día de luz y que las lluviosas mañanas que difieren poco de la noche, se acaban al llegar el mes de mayo.
Saber que llega un momento en que lo que ahora es sombrío y oscuro, estalla en una explosión de color y perfume.
Saber que, a lo mejor, llegará una mañana en que deje de mear sangre, mi hí­gado no arda y mi conciencia pase de todo y deje de escocerme. Un renacer en el que encontrar a alguien que te importe realmente y que, lejos de aprovecharse de ello, te diga:
"Si alguna vez te vuelves a perder, mira al cielo y harás que una estrella brille para ti".

Pero hasta que ese día llegue, creo que voy a pedir otra copa desde mi rincón del final de la barra.


Doktor Jeckill.